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Proceso Comercial

El espejismo de la tecnología. (Por qué pagas la licencia y no el proceso)

Trabajo con empresas que pagan licencias de HubSpot por decenas de miles de dólares al año. Algunas ya las tienen. Otras me buscan porque quieren comprarlas y necesitan entender qué tier les conviene.

La conversación fluye bien. Hablamos de objetos, de Sales Hub Professional versus Enterprise, de límites de automatización, de cuántos usuarios pagados necesitan. Hay presupuesto, hay urgencia, hay decisor.

Y después llega un punto específico donde la conversación cambia de temperatura: cuánto cuesta diseñar el proceso comercial que hace que esa licencia sirva para algo.

Ahí aparece la fricción. No en el software. En el proceso.

He visto esto suficientes veces como para saber que no es coincidencia. Y quiero ser claro en algo desde el principio: no creo que sea capricho ni ignorancia del cliente. Es un sesgo que le enseñó la industria del software, y vale la pena entender cómo se instaló, porque entenderlo es la única forma de salir de él.

¿Por qué algunos software funcionan solos y otros no?

Hay una pregunta que ordena todo este tema, y no tiene que ver con la tecnología. Tiene que ver con dónde vive el proceso. La diferencia entre el software que funciona solo y el que no, no es su calidad: es de dónde viene el proceso que ejecuta.

Piensa en las herramientas que tu empresa encendió y funcionaron sin que nadie diseñara nada. El correo. El calendario. La videollamada. La firma electrónica. El sistema de facturación electrónica. El software de remuneraciones. Llegaste, te registraste, y al día siguiente estaban operando.

Ahora piensa en las que no. El CRM. La herramienta de gestión de proyectos. La plataforma de marketing automation. El sistema de tickets de soporte. El BI con sus dashboards. Todas se compraron con la misma ilusión, todas se configuraron en una tarde, y todas terminaron a medio usar, con datos que nadie cree, o reemplazadas por otra que prometía lo mismo.

¿Qué software trae el proceso incluido?

Es el software cuyo proceso ya existía antes de la herramienta, y que nadie en tu empresa tuvo que diseñar: lo puso un regulador o lo puso una convención universal. En ambos casos no hay nada que diseñar. Adoptar es usar.

O lo puso el regulador. La facturación electrónica es obligatoria en Chile para todas las empresas desde febrero de 2018, y el SII define el formato, los tipos de documento, los folios, el timbre y los plazos. La contabilidad tiene normas. Las remuneraciones tienen Código del Trabajo y tasas fijadas por ley. El software es una implementación fiel de un proceso que alguien más definió con precisión milimétrica, y por eso cualquier pyme lo enciende sola.

O lo puso una convención universal. Todos sabemos qué es un correo, qué es una reunión, qué es firmar. Nadie configura la videollamada preguntándose qué significa "reunión completada". El acuerdo sobre el proceso ya existe en el mundo, y la herramienta solo lo ejecuta.

¿Qué es un software contenedor?

En la segunda lista pasa lo contrario. La herramienta te entrega piezas: objetos, estados, etapas, tableros, campos, automatizaciones. Pero no te dice cómo debe fluir tu trabajo, porque no puede. No hay regulador de las ventas ni convención universal sobre cómo se gestiona un proyecto en tu empresa. Ese proceso lo tienes que traer tú.

La herramienta de gestión de proyectos es el ejemplo más claro, porque casi todos lo hemos vivido. Sin una metodología detrás, sin definición compartida de qué significa "terminado", sin cadencia de revisión, sin regla de priorización, sin dueño de cada tablero, el software se convierte en una lista de tareas con colores. Las tarjetas se acumulan. Nadie las cierra. Y en algún momento alguien propone cambiar de herramienta, como si el problema hubiera sido el software.

¿Por qué un CRM sin proceso termina abandonado?

Con el CRM ocurre exactamente lo mismo, con otros nombres. Sin definición de lead calificado, sin etapas que reflejen el viaje del comprador, sin criterios de entrada y salida, sin evidencia obligatoria, sin motivos de pérdida estandarizados, el pipeline se convierte en una lista de contactos con etapas. Y en algún momento alguien propone cambiar de CRM.

El patrón es idéntico en cada categoría de esta lista: proyectos, marketing, soporte, BI o CRM. Cambia el nombre de las piezas, no la naturaleza del problema.

Hay algo que vale la pena decir con todas sus letras: mientras más flexible y potente es la herramienta, más proceso exige.

¿Por qué una herramienta flexible exige más proceso?

"Se adapta a tu forma de trabajar" es el argumento de venta central de toda esta categoría. Y es literalmente una declaración de que necesitas tener una forma de trabajar. Si no la tienes, la herramienta se adapta a nada. La flexibilidad que el vendedor presenta como ventaja es, en la práctica, deuda de proceso transferida al comprador.

Esto también explica por qué los ERP grandes sí requieren implementaciones largas y caras aunque los chicos se enciendan solos. Cuando el sistema deja de tocar lo regulado y entra en producción, costeo, abastecimiento o distribución, ahí ya no hay norma que diga cómo debe operar tu empresa. Hay que diseñarlo. Por eso los benchmarks de implementación de ERP se ubican entre el 100% y el 200% del costo del software, y nadie discute esa partida. La parte regulada se configura casi sola. La parte propia hay que pensarla.

¿Por qué no notas la diferencia al comprar software?

Acá está el origen del sesgo. Misma prueba gratis. Mismo "empieza en minutos". Misma tarjeta de crédito. Misma demo con el tablero lleno, el pipeline poblado y el dashboard reluciente. Desde la experiencia de compra, el comprador no tiene forma de distinguir si está comprando un software que trae el proceso o uno que se lo va a exigir.

Y la demo siempre muestra la herramienta con un proceso adentro. El del vendedor, el de la cuenta de demostración, el de algún cliente ejemplar. El comprador ve el resultado y compra la herramienta creyendo que compra el resultado. Pero el resultado era el proceso de otro. La herramienta llega vacía.

Ya vivió la experiencia de encender software en autoservicio y que funcionara, así que asume que con el CRM va a ser igual. Lo que hizo funcionar al otro no fue el autoservicio. Fue que el proceso venía puesto.

¿Cómo saber si el proceso vive solo en la herramienta?

Si mañana borraran la herramienta, ¿el proceso seguiría existiendo? Si borran el correo, la gente sigue comunicándose. Si borran el sistema de facturación, el SII sigue exigiendo la factura y tú sigues sabiendo cómo se emite. El proceso vive fuera de la herramienta.

Ahora, si borran el CRM, ¿tu equipo comercial podría explicar en una pizarra cuáles son las etapas, qué tiene que pasar para avanzar de una a otra, cómo se califica un lead y por qué se pierden los negocios? Si la respuesta es no, el proceso nunca existió. Vivía en la herramienta. Y cuando el proceso vive solo en la herramienta, lo que hay es herramienta.

¿Por qué un CRM mal configurado no se nota?

Hay un último factor que hace que este error sobreviva tanto tiempo, y es cómo se manifiesta la falla. Un sistema de facturación mal configurado se cae en días y de forma binaria: no emites, no cierras el mes. Un CRM mal configurado no detiene nada, la empresa sigue vendiendo por teléfono como siempre.

La falla es una degradación lenta, y como es lenta, siempre hay disponible una explicación que no obliga a nadie a revisar el proceso: "el equipo no actualiza el CRM". Esa frase ha protegido más procesos mal diseñados que cualquier otra cosa en nuestra industria.

Por eso el problema rara vez se diagnostica a tiempo.

¿El onboarding de HubSpot incluye el diseño del proceso?

No. El onboarding es habilitación técnica. Enseña dónde hacer clic, cómo crear una propiedad, cómo armar un workflow, cómo construir un reporte. Es valioso y es necesario. No es diseño de proceso comercial. Son dos entregables distintos, con distinto alcance, distintas preguntas y distintas personas en la sala.

Un detalle que muestra que el fabricante sí sabe que la herramienta no se enciende sola: HubSpot cobra onboarding obligatorio en Professional y Enterprise. Es una línea del contrato, no es opcional, y puede ejecutarlo un partner en lugar del equipo de HubSpot.

Pero acá está la trampa fina, y es la que cierra el espejismo.

El comprador paga el onboarding, marca la casilla, y queda con la sensación completamente legítima de que ya cubrió esa parte del presupuesto.

Pagó la licencia. Pagó la habilitación. Y sigue sin haber pagado nunca el diseño del proceso.

Acá es donde el tema deja de ser una opinión de consultor.

¿Qué dice la evidencia sobre tecnología y productividad?

En 2002, Bresnahan, Brynjolfsson y Hitt publicaron en el Quarterly Journal of Economics un estudio, que sigue siendo referencia, sobre cerca de 400 empresas grandes de Estados Unidos. Midieron tres cosas por separado: inversión en tecnología, capital humano y capital organizacional, entendido como la forma en que la empresa organiza el trabajo, delega decisiones y estructura sus equipos.

Después cruzaron esas tres variables contra productividad, en todas las combinaciones posibles.

El hallazgo relevante para esta conversación es este: alta inversión en tecnología con bajo capital organizacional no muestra un impacto significativo en la productividad. No un impacto menor. No significativo. El salto aparece solamente cuando ambas cosas están altas al mismo tiempo.

Dicho en el idioma de nuestro trabajo: la licencia sin el proceso no rinde poco. Rinde nada estadísticamente distinguible de cero.

¿Por qué el retorno de un CRM tarda en llegar?

Hay un segundo hallazgo que explica por qué el error se repite. Brynjolfsson y Hitt (2003) midieron el efecto de la computarización sobre la productividad en distintos horizontes de tiempo. El impacto a un año es aproximadamente un quinto del impacto a cinco años.

Su interpretación es que el retorno de la tecnología llega acompañado de una incorporación lenta de insumos complementarios, y el capital organizacional es el principal de ellos.

La investigación más reciente confirma el mismo patrón. En 2021, Brynjolfsson, Rock y Syverson publicaron en el American Economic Journal la curva J de la productividad: las tecnologías de propósito general, como la IA, exigen inversiones complementarias en procesos, modelos de negocio y capital humano, y por eso su aporte a la productividad parece bajo al principio y crece después.

Traducido: el proceso tarda. Y como tarda, la mayoría de las empresas cambian de herramienta justo en el punto donde la primera recién iba a empezar a rendir.

Hay una asimetría que en LATAM cambia el tamaño del problema.

¿Por qué el diseño del proceso pesa más en LATAM?

La licencia se paga en dólares, al mismo precio que en Boston: HubSpot no cobra menos porque tu empresa opere en Santiago, en Bogotá o en Ciudad de México. El retorno, en cambio, es local. Depende del capital organizacional que tengas para convertir esa herramienta en resultado.

Y ahí la región parte más abajo: CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, documenta un rezago de las empresas latinoamericanas en prácticas gerenciales frente a las europeas.

Misma inversión, menor capacidad de convertirla. Eso significa que acá el diseño del proceso no es un refinamiento de empresa madura. Es lo que hace que la inversión tenga sentido.

¿Por qué las empresas cambian de CRM sin mejorar?

La empresa compra la licencia. Configura el pipeline con las etapas que sonaban bien. Sube la base de datos. Capacita al equipo en dónde hacer clic. Y espera el retorno. A los seis o nueve meses el retorno no llegó. El forecast sigue sin cuadrar. Los vendedores siguen registrando lo mínimo. Los reportes muestran números que nadie cree.

Y la conclusión que se saca en la sala de directorio es: "esta plataforma no sirve".

Se evalúa otra. Más caras, con más funcionalidades, con más inteligencia artificial. Se migra. Se vuelve a subir la base de datos. Se vuelve a capacitar al equipo en dónde hacer clic.

El proceso comercial, mientras tanto, sigue exactamente igual de ambiguo que antes. Nadie lo tocó. Nadie lo diseñó. Nadie lo revisó.

Y el resultado, previsiblemente, también sigue igual.

Este es el espejismo. Lo que brilla es la herramienta, porque la herramienta es visible, comparable, demostrable en una demo de 45 minutos y aprobable en un comité. El proceso es invisible, incómodo de discutir, y obliga a la empresa a mirarse a sí misma antes de mirar un catálogo.

¿Cómo sé si de verdad tengo un proceso comercial?

"Nosotros sí tenemos procesos" es la respuesta que recibo cuando toco el tema. Y en la mayoría de los casos es sincera. La gente cree que tiene procesos. El problema es que un proceso comercial no es lo mismo que un documento sobre el proceso comercial. Y hay tres formas distintas de creer que tienes uno cuando no lo tienes.

1. Tienes definiciones, no un proceso. Es la más común. Existe un manual. Existe un PDF con las etapas del pipeline. Existe una presentación que se mostró en la reunión anual y que nadie volvió a abrir.

Un proceso no es lo que está escrito. Es lo que efectivamente ocurre cuando nadie está mirando. Si el documento dice una cosa y el equipo hace otra, el documento es decoración y el proceso real es la costumbre.

La prueba es simple: pregúntale por separado a tres vendedores qué tiene que pasar para mover un negocio a la etapa de propuesta. Si obtienes tres respuestas distintas, no tienes un proceso. Tienes tres.

¿Qué pasa si mi proceso comercial está mal diseñado?

2. Tienes un proceso, pero está mal diseñado. Acá el equipo sí hace lo que el documento dice, pero el documento describe algo que no debería hacerse así. Un proceso mal diseñado es peor que no tener proceso documentado, porque produce datos con apariencia de rigor. Y los datos con apariencia de rigor se usan para tomar decisiones.

Los síntomas de diseño malo son reconocibles. Etapas que son tareas del vendedor y no hitos del comprador, escritas en infinitivo: contactar, agendar, enviar, negociar. Pipelines copiados de una plantilla que no tiene nada que ver con cómo compra tu cliente. Todos los leads entrando al mismo pipeline sin filtro previo, así que el pipeline mide interés y no oportunidad. Doce etapas cuando el negocio necesita cinco, o tres cuando necesita seis. Probabilidades por etapa asignadas a ojo y arrastradas al forecast como si fueran datos.

¿Por qué no se cumple un proceso bien diseñado?

3. Tienes un proceso bien diseñado, pero mal ejecutado. El diseño es correcto, el equipo lo conoce, y aun así no se cumple. Casi siempre por una de tres razones: nadie es dueño del proceso, nadie lo inspecciona, o incumplirlo no tiene ninguna consecuencia.

Una regla sin evidencia obligatoria en el CRM es una sugerencia. Y las sugerencias, cuando llega la presión de cierre de mes, son lo primero que se negocia.

Acá está el criterio que quiero dejarte, y es el que reemplaza cualquier autoevaluación optimista.

Un proceso no se valida mostrando el documento. Se valida mirando lo que produce.

¿Cómo diagnostico si mi proceso comercial funciona?

Un motor comercial sano genera evidencias observables. Si esas evidencias no están, el proceso no está, independientemente de lo que diga el manual. Te dejo el diagnóstico que uso, organizado en seis bloques. Respóndelo con datos, no con impresiones, y de preferencia con tu equipo en la sala.

Bloque 1. Resultado y predictibilidad.

  • ¿Cuál fue la desviación entre tu forecast de inicio de trimestre y tu cierre real, en los últimos cuatro trimestres? Si no puedes responderlo con números, ese ya es el hallazgo.
  • ¿Qué porcentaje de tus negocios abiertos no ha tenido una actividad significativa en los últimos 30 días?
  • ¿Cuál es tu ciclo de venta promedio, y sabes en qué etapa específica se pierde más tiempo?
  • ¿Tu tasa de conversión por etapa es estable entre vendedores, o varía tanto que el promedio no significa nada?
  • ¿Cuántos negocios llevan más de dos veces tu ciclo de venta promedio sin cerrarse ni descalificarse?

Un pipeline con muchos negocios estancados no es un problema de disciplina. Es la firma de un proceso sin criterios de salida y sin obligación de descalificar.

¿Están alineados mis equipos de marketing y ventas?

Bloque 2. Alineación entre Marketing y Ventas. ¿El equipo de marketing conoce la meta de venta del trimestre, en monto, no en cantidad de leads? ¿Marketing y Ventas tienen la misma definición escrita de qué es un lead calificado? ¿Podrían ambos equipos recitarla?

  • ¿Marketing se mide por revenue generado o por volumen de leads entregados? Si es lo segundo, tienes dos áreas optimizando métricas que compiten entre sí.
  • ¿Existe un acuerdo de nivel de servicio para el traspaso? Cuánto tiempo tiene Ventas para contactar un lead entregado, cuántos intentos debe hacer, y qué pasa si no lo hace.
  • ¿Existe un camino de devolución? Cuando Ventas rechaza un lead, ¿hay un motivo estandarizado que vuelve a Marketing y modifica algo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que ambos equipos revisaron juntos, con datos, por qué se pierden los negocios?

¿Cómo evalúo la calificación y el diseño del pipeline?

Bloque 3. Calificación y entrada al pipeline. ¿Tienes criterios de calificación explícitos, o cada vendedor decide por su cuenta qué vale la pena trabajar? ¿Todo lo que llega entra al pipeline de negocios, o hay una pista separada de calificación antes?

  • ¿Quién tiene la autoridad de decir "esto no califica", y esa decisión queda registrada?
  • ¿Qué le pasa a un lead que no califica hoy pero podría calificar en seis meses? ¿Hay un destino real o se pierde?

Bloque 4. Diseño del pipeline.

  • ¿Tus etapas describen lo que el comprador ya vivió, o lo que tu vendedor tiene que hacer?
  • ¿Cada etapa tiene criterios de entrada y de salida escritos, y el equipo los aplica igual?
  • ¿Puedes abrir cualquier negocio y verificar, sin preguntarle al vendedor, que el hito de esa etapa realmente ocurrió?
  • ¿El CRM bloquea el avance cuando falta la evidencia, o simplemente registra lo que le pongan?
  • ¿Las probabilidades por etapa vienen de tu histórico real de conversión, o alguien las escribió una vez?

¿Cómo evalúo las pérdidas y el gobierno del proceso?

Bloque 5. Pérdida de negocios y aprendizaje. ¿Tienes motivos de pérdida estandarizados y acotados, o un campo de texto libre donde cada uno escribe lo que quiere? ¿Alguien revisa esos motivos de forma periódica y toma decisiones a partir de ellos?

¿Puedes distinguir un negocio perdido contra un competidor de uno perdido por indecisión del cliente? Son problemas distintos y requieren respuestas distintas.

Bloque 6. Propiedad y gobierno.

  • ¿Quién es el dueño del proceso comercial en tu empresa? Nombre y apellido. Si la respuesta es "todos" o "el gerente comercial entre otras veinte cosas", no hay dueño.
  • ¿Cuándo fue la última vez que el proceso se revisó y se modificó formalmente?
  • Cuando entra un vendedor nuevo, ¿el onboarding incluye el proceso, o solo la herramienta y el catálogo de productos?
  • ¿La compensación del equipo premia comportamientos coherentes con el proceso, o los contradice?

Si en cada bloque hay dos o más preguntas que no puedes responder con evidencia, la conclusión no es que te falte disciplina. Es que no tienes un proceso operando, y ninguna licencia lo va a producir por ti.

¿Por qué se paga la licencia y no el diseño del proceso?

Es como construir una casa. Pagas los materiales sin chistar. Pagas la mano de obra sin chistar. Esas son las partidas visibles, cotizables, comparables entre proveedores. Se ven, se tocan, se fotografían. Pero al arquitecto y a los planos, no. Porque los planos son papel, y el papel se siente caro cuando lo comparas con ladrillos.

Y no terminas con una casa fea. Terminas con una casa que no se puede habitar. Con instalaciones que no calzan, con muros donde debía haber una puerta, con metros cuadrados que no sirven para nada, y con un costo de arreglo que supera varias veces lo que habrían costado los planos.

En Revops LATAM nos llamamos Arquitectos del Revenue justamente por esto. Un arquitecto no construye primero y diseña después. Ese orden no existe en ninguna disciplina seria, y no debería existir en la comercial tampoco.

¿Puedo diseñar el proceso comercial con mi equipo?

Acá viene la parte que quiero que te lleves, porque no se trata de que contrates a alguien. Se trata de que reconozcas que el proceso tiene un precio y que ese precio se paga de una de dos formas.

Camino A: lo haces internamente. Es completamente legítimo, y en varios casos es el camino correcto. Si tienes en tu equipo a alguien con el conocimiento para diseñar un proceso comercial, hazlo internamente.

Pero hazlo de verdad. Y eso significa asumir dos cosas que casi nadie asume.

La primera es que interno no significa gratis. Significa que el costo se paga en horas de las personas más ocupadas de tu empresa. Diseñar un proceso comercial de forma seria toma sesiones de trabajo con Marketing, Ventas y Servicio en la misma sala, decisiones sobre criterios que van a incomodar a alguien, documentación real, configuración en el CRM, capacitación y seguimiento. Si eso no está en la agenda de alguien con nombre y apellido, con horas bloqueadas y una fecha de entrega, no va a ocurrir. Va a quedar en la lista de cosas importantes que nunca son urgentes.

¿Qué necesito para diseñar el proceso internamente?

Un punto práctico: si eliges el camino A, empieza por el diagnóstico, no por el diseño. Contesta los seis bloques con datos antes de dibujar una sola etapa nueva. La mayoría de los rediseños internos fracasan porque empiezan proponiendo soluciones a un problema que nadie midió.

La segunda condición del camino A es que el conocimiento tiene que ser real. Haber usado un CRM no es lo mismo que saber diseñar un proceso comercial, igual que haber vivido en casas no te convierte en arquitecto. Si nadie en tu equipo puede responder con criterio las preguntas del diagnóstico de arriba, el camino A no está disponible por más voluntad que haya.

¿Conviene pagar a un especialista para diseñar el proceso?

Camino B: lo pagas a un especialista. Y acá está el cambio de marco que propongo. El diseño de proceso no es un gasto adicional a la licencia. Es la parte de la inversión que determina si la licencia retorna o no.

Ponerlo en la misma categoría contable que la licencia es lo que hace que se sienta como un sobreprecio, cuando en realidad es la única parte del presupuesto que actúa sobre la variable que la evidencia identifica como determinante.

Haz este cálculo con tus propios números, no con los míos:

  • Toma el costo anual de tu licencia actual o proyectada.
  • Toma el valor total de tu pipeline abierto hoy.
  • Estima honestamente qué porcentaje de ese pipeline es real, usando el Bloque 1 del diagnóstico. Negocios sin actividad reciente, sin decisor identificado, sin próximo paso con fecha.
  • Calcula cuánto vale recuperar dos puntos de tasa de cierre sobre el pipeline que sí es real.
  • Compara ese número contra el costo de diseñar el proceso una vez.

¿Qué cuesta operar un pipeline que miente?

En la mayoría de las empresas con las que trabajamos en Revops LATAM, ese cálculo se resuelve solo. No porque el diseño sea barato, sino porque el costo de operar un pipeline que miente es enormemente más alto de lo que se ve en la contabilidad.

Ese costo no aparece en ninguna línea del presupuesto. Aparece en decisiones tomadas con datos falsos, en vendedores trabajando negocios que nunca iban a cerrar, en contrataciones hechas sobre un forecast que no existía, y en trimestres que se descubren perdidos cuando ya no hay tiempo de recuperarlos.

Lo que no es legítimo es el camino C: comprar la licencia, no diseñar el proceso, no pagarle a nadie por diseñarlo, y esperar que el retorno aparezca solo. Eso no es ahorrar. Es financiar la parte del proyecto que no produce resultado y omitir la que sí.

¿Qué hacer esta semana con tu proceso comercial?

Tres acciones concretas, en orden. Uno. Bloquea dos horas y responde los seis bloques del diagnóstico con datos de tu CRM. No de memoria. Cuenta los negocios estancados. Mide la desviación de tu último forecast. Pregúntale a tres vendedores lo mismo por separado.

Dos. Con el resultado en la mano, decide explícitamente entre el camino A y el camino B. Si es A, escribe el nombre de la persona responsable y la fecha de entrega del diseño antes de cerrar la reunión. Si es B, presupuéstalo como parte del proyecto, no como un extra.

Tres. Si tienes una decisión de licencia sobre la mesa este trimestre, no la firmes antes de tener el punto dos resuelto. La licencia va a seguir disponible el mes que viene, al mismo precio. El trimestre que pierdes operando sobre un proceso que no existe no vuelve.

Lo que brilla es la licencia. Lo que retorna es el proceso.

Nos vemos en el próximo artículo.

CEO y fundador · Revops LATAM

Pablo Moena es CEO de Revops LATAM y consultor con más de 15 años de experiencia en procesos comerciales, marketing y venta consultiva. Ha acompañado a empresas B2B de toda Latinoamérica a ordenar la forma en que venden, convencido de que el proceso va primero y la tecnología después. Es profesor de RevOps y de teología, y pastor en Iglesia Miel. Le apasiona unir trabajo y Evangelio, porque cree que hacer bien un negocio también es una forma de servir.

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